domingo, 22 de julio de 2012

Mano arriba, las mano' arriba, mano arriba, las mano' arriba


¡Yo y Yo! Me declaro el más apto de todos los hombres para traeros un regalo: mi maná y mi ambrosía para que os saciéis. Llamadme fascista, mas aquel que rechaza el Gazpacho merece ser gaseado. Respira, respira, que se va antes, Palomita.
Así nos abre este universo magno para la reflexión el grandioso pensador/actor porno rumano Urian Pockestrick en su obra "Metafórica impepinable para un devenir histórico y total, según la diatriba hermeneútica del flexoencomio -prepuciomoderno ponferradino- aplicado a una exégesis del ente en cuanto no ente coproteológico: Se va a cagar la perra". Desde esta pastilla de caldo de cultivo los metalingüistas totales que nos escondemos bajo el pseudónimo de Rubencilla Torres pretendemos invertir la dialectica occidental consistente en un sucederse de patrañas pseudopolimórficas a través de las cuales el gobierno, los kioskeros con gorra, camareras casquivanas, restaurantes vegetarianos sionistas (en los que no se mata ni una mosca para que comas), pokemons de ultraderecha y otros cuatralbos de la fauna subatómica nos petan el cacas.

En suma, nada. Rechazamos todos aquellos blogs que no hayan utilizado la palabra 'gazpacho' en al menos una de sus entradas. De ahí que nuestras palabras salgan de nuestro blog antes incluso de entrar en él. Vamos en dirección prohibida por el túnel del amor, Back Door, Yeah! 

Acabamos de releer lo escrito y nos reafirmamos en la absoluta convicción de que somos la requetepeinada hostia [y Elvis nos la come (porque está vivo)]. Vivimos con la certeza de poseer la única mirada lúcida de este hiperpoblado mundo que es la panacea simbólica gorda a la problemática líquido-gaseosa-rizomática in/per se, che se. Para ser harto explícitos: verbi gracia: en otras palabras: lo vi en un documental: reina el caos: Ya tu sabes!

Y para aquellos que creen que nuestro discurso es anacrónico y desfasado (ergo sin un ápice de cientificidad) postulamos que entre el bosón de Higgs y una pelusilla de mi ombligo hay menos diferencias que entre Esperanza Aguirre 'la cólera de dios' y la hipocresía falocéfala; esto conduce irremisiblemente a una transformación impertérrita de la experiencia vital ano-fenomenológica de la posmodernidad (recuérdese: el píxel engulle al hombre) en una manifestación vital t(r)acto-rectal noumenológica o no; este es el rasgo distintivo del paso de la pasividad posmoderna a la hiperreactiva prepuciomodernidad. 


Con esta proto-entrada cumplimos el sueño (o la proyección fáctico-faústica) de Pedro Abelardo, que no tenía poya pero nos apoya.

Rubencilla Torres
Terrorismo semántico ¿patatero?