sábado, 22 de septiembre de 2012

Retorno al porno. Estética del cine X en la prepuciomodernidad melancólica

En su obra póstuma -aunque luego se demostró que no estaba muerto- Retórica de la erótica y cumbia, el pensador/charcutero Mole New se nos presenta como fidedigno taxónomo de uno de los géneros más injustamente olvidados de la historia del cine: el llamado porno negro. Películas low cost o che cost en las que la iluminación no existe (pensemos en la luz, símbolo que desde Platón a Hermanos Elviro Electricistas S.A. se ha erigido como símbolo legitimador del estatus machista). En estos films la pantalla se mantiene en una irreductible oscuridad durante todo el metraje. No se ve absolutamente nada. El audio emerge entonces con su enorme poder representacional. Breves diálogos introductorios ejemplificadores del mezquino cortejo que nos impone la cultura del "yo soy lo que compro, tú eres lo que tu madre dice que eres" hicieron al espectador masculino revolverse en sus butacas en las clandestinas sesiones que abundaron a finales de los años 90.  

Una de las escenas más tórridas de Without ligth


Ah, ah. Sí, sigue. La cuestión fundamental que plantea este cine es si nos creemos o no que en el fondo de la oscuridad está sucediendo lo que el audio sugiere que está sucediendo. ¿Aceptamos la narratividad que nos propone? ¿Asumimos la verdad, siempre dentro de los códigos de la ficción, del ayuntamiento carnal?

"Pocas cosas hacen tanto daño al humanismo como este tipo de interpretaciones del relato platónico" 

INDEX PELICULORUM  PROIBITORUM

  • Sudo de noche (Rocco Varela, 1998)
  • Cositas picantes (Francis de Lucía, 1999)
  • Itifálicos vesánicos (Manja Cows, 2000)
  • Climaterio en la hierba (Tomatito Berman, 2020)
  • Without light (Little Querube Yon, 1500 a. C.)
  • Furia en las huevas (Picantuelo McKein, 1945)
  • Il caprone della minchia di pietra (Bucco Nero, 1988)  
Rubencilla Torres rasgando el velo de Maya de la prepuciomodernidad melancólica, ¿numinosa? y gorda.  
Terrorismo semántico, sí, patatero 

jueves, 13 de septiembre de 2012

Los gayumbos de Peter Abelardo = Camisetacas prepuciomodernas, Yeah!

Además de cualquier problemática existenciaria que aboga por dilucidar el sentido del todo en razón de lo manifestado, Rubencilla Torres considera que existe todavía una plétora de interrogantes sobre un asunto preeminente, cuya solución pondría en la misma tabla un filete de hígado, a Gordo Pu, a Martin Heidegger y al admirado Batu: 

¿Qué fue de la basta colección de calzoncillos (en torno a los 3467) de la cual disponía el gran Pedro Abelardo?; ¿Acaso tuvo la desfachatez de usarlos en su sentido convencional aún careciendo de miembro?; ¿Es cierto, también, eso de que ahogó al castrador Fulberto tras obligarle a tragar cuatro ejemplares cagados?

Existen multitud de referencias que nos muestran a un Abelardo afanoso por lograr que el calzoncillo se pusiera de moda como gorro, y muchos hablan de sus paseos matutinos con cuatro ejemplares colgando de sus orejas. 

Pero sin ningún ápice de duda, la creciente moda de camisetas al puro estilo Peter Abelardo que abunda en Toulouse (vease imagen), se basan en otro intento fallido de nuestro héroe por consagrar su vasta colección de ropa interior otrora inútil.

Por el amor a Eloísa se quedo sin rabo, pero nos dejó estas opulentas camisetacas: tan solo un ser omnipotente como Dios o Ishvara puede medir, o tal vez ni siquiera, lo afortunada que es la humanidad con semejante legado...

Dedicado a Pedro Abelardo, que no tenía poya pero nos apoya.

Rubencilla Torres, en pos de la integridad total!